sábado, 21 de enero de 2017

Vive aquí y ahora


Un hermano del desierto preguntaba al abad Nisterós el Grande:
 

“¿Qué es lo mejor que yo puedo hacer para dedicarme totalmente a ello?”

Y él respondió: “¿Acaso no son todas las obras igualmente buenas? Aquello que veas que tu alma aspira, según Dios, hazlo bien y guarda tu corazón”.

El recuerdo del pasado o la preocupación por el futuro pueden lograr evadirnos del momento presente. Evitar el momento presente es una enfermedad de nuestro mundo. Nuestra cultura trata de sacarnos del momento actual para vivir en el futuro: ¡ahorre para el futuro!.
Vivimos en tiempos que no son los nuestros y no disfrutamos del único que poseemos, así afirma Pascal: “No nos atenemos nunca al tiempo presente. Anticipamos el futuro, como si fuera demasiado lento en llegar, como para acelerar su curso, o recordamos el pasado para detenerlo, como si hubiera pasado demasiado rápido. Vagamos por tiempos que no son los nuestros y no pensamos en el único que nos pertenece. Somos tan vanos que pensamos en los tiempos que ya no existen y dejamos escapar sin reflexión el único que subsiste”.
Podemos decir que no vivimos nunca, que siempre estamos esperando vivir. Vivimos angustiados en el hoy, por una felicidad que está en el aire en el día del mañana. En el libro “Las Zonas Erróneas”, nos dice el Dr. Wayne: “Vivir el momento presente, ponerte en contacto con tu ahora, constituye el meollo de una vida positiva. Si lo piensas, te darás cuenta de que en realidad no existe otro momento que puedas vivir. El ahora es todo lo que hay y el futuro es simplemente otro momento presente para ser vivido cuando llegue. Una cosa es segura: que no puedes vivirlo hasta que no aparezca realmente”.

El huir del presente nos hace superficiales, nos hace autómatas, nos hace personas dispersas. El presente es el ahora que nos toca vivir, que se realiza en las pequeñas realidades cotidianas: trabajo, familia, etc. El que vive en el presente se acepta y acepta a los otros como son y de esta única realidad brota la felicidad.

En Oriente han tenido como máxima: “Vive aquí y ahora”. En Occidente hemos puesto la fuerza en el hacer y por eso decimos: “Haz bien todo lo que haces”.

Cada momento presente es el sacramento de la presencia de Dios en nuestras vidas. Dios nos habla en el hoy y en los acontecimientos cotidianos. La presencia de Dios nos impulsa “a hacer todo bien y a guardar nuestro corazón para Él”.

Padre.

De ti hago mi comida y mi bebida;
Tú eres mi lecho, en Ti me tiendo;
Tú eres todo lo que soy y todo lo que tomo.
Yo estoy en continua comunicación contigo
Porque Tú eres el que es y Tú estás allí,
Y no existe lugar alguno donde Tú no te encuentres
(Anónimo)

sábado, 14 de enero de 2017

La chismosa y la gallina



A una mujer que se confesaba frecuentemente de hablar mal de los demás, San Felipe Neri le preguntó: “¿Te sucede con frecuencia hablar mal del prójimo?”. “Muy a menudo Padre”, responde la penitente.

“Hijita, vuestra falta es grande. Es necesario que hagas penitencia. He aquí lo que harás: mata una gallina y tráemela enseguida, desplumándola por el camino desde tu casa hasta aquí”.

La mujer obedeció, y se presentó al Santo con la gallina desplumada.

“Ahora, le dijo Felipe, regresa por el mismo camino que viniste y recoge una por una las plumas de la gallina…”

“Pero es imposible, Padre, rebatió la mujer; con el viento que hace hoy no se encontrarán más…”

“También yo lo sé, concluyó el santo, pero he querido hacerte comprender que si no puedes recoger las plumas de una gallina desparramadas por el viento. ¿cómo podrás reparar todas las calumnias levantadas y dichas a mucha gente?, y en perjuicio de tu prójimo?”. 


De la Virtud en ejemplos A. y C.

No se pueden recoger las plumas de una gallina, desparramadas por el viento. Tampoco se puede reparar todo el daño causado por la crítica y la calumnia.

La Escritura nos habla del gran perjuicio que se puede causar con la lengua. La lengua es una serpiente (Sal 10.7). Es una flecha afilada (Sal 57.5). Es una flecha homicida (Jer 9.7). De una lengua perversa vienen la mentira, la doblez, la calumnia (Sal 10.7).

Nada bueno puede salir de la crítica destructiva, ya que ésta pone de manifiesto una murmuración, calumnia o un juicio temerario. ¿Por qué critican las personas? Estas lo hacen, normalmente, por envidia, celos, orgullo, susceptibilidad herida, agresividad…La crítica brota de un corazón amargado, duro arruinado por los fracasos y el negativismo. Una persona que ha caído en la manía de cuestionarlo todo, de creerse siempre superior a los demás, está incapacitada para poder descubrir todos los valores positivos de los otros. A la larga, todos huirán del calumniador, criticón, murmurador, pues nadie tiene las espaldas seguras con él. Hasta los mismos amigos se pueden convertir en víctimas inocentes.

Una señal de que se ama al otro es el no criticarlo, Si lo amo de verdad y quiero ayudarle, no adelanto nada con airear sus vicios, y mucho menos reírme de sus limitaciones y desgracias.

Ser bondadoso e indulgente para con los demás es una señal cierta de que Dios anda de por medio. Es imposible condenar al otro viviendo en la presencia de Dios. El Padre de todos, que disculpa siempre, y ve toda la bondad que hay en el corazón humano, con su sola presencia ayuda, estimula y desarrolla nuestra capacidad de amar.

La lengua bien amaestrada dice y hace maravillas, es “plata de calidad” (Prov 10.20). Quien no pone freno a su lengua, se equivoca y su religión es vana (St 1.26). Tan importante es cuidar lo que se dice, que el salmista aconseja: “Guarda tu lengua del mal y tus labios de las murmuraciones. Evita el mal, haz el bien, busca la paz y persíguela” (Sal 34, 14-15).

sábado, 7 de enero de 2017

Su hija le dio la vida


En Massachussets moría de accidente de carro una joven profesora. Como en vida había sido donante de órganos, éstos fueron enviados al hospital donde una larga lista de pacientes esperaba un trasplante. Entre ellos figuraba su propio padre, veinte años enfermo del corazón que estaba necesitando con urgencia uno nuevo. Casualmente le correspondió el de su hija. Y gracias a esta feliz coincidencia, el padre vive por la muerte de su hija, mientras que ésta pervive, de algún modo en el cuerpo de su padre.

“El Padre vive gracias a la muerte de su hija, mientras que ésta pervive de algún modo en el cuerpo de su Padre”.

Jesús murió para dar vida. Su amor hacia nosotros fue tan grande que nos amó hasta el final con un amor verdadero y generoso.

Las últimas palabras, pronunciadas a la hora de la muerte, revelan, muchas veces, la grandeza de ánimo de una persona y el amor que lleva en el corazón. Jesús desde la cruz, sigue perdonando, haciendo el bien.

Padre, perdónales porque no saben lo que hacen

La primera palabra de Jesús en la cruz es una oración de perdón. Él, no sólo perdona, sino que encuentra miles de razones para disculpar.

Jesús nos enseña desde la cruz a vivir perdonando en la familia, en el trabajo, en nuestra relación con los enemigos nuestros que piensan de distinta forma o nos hacen el mal.

Yo te aseguro, hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc 23.43).

Jesús hizo el bien siempre, a pesar de que Él sufrió el desprecio y fue condenado a muerte. Al buen ladrón también le llegó la salvación y la vida otorgada por el Redentor.

Ahí tienes a tu hijo…ahí tienes a tu madre” (Jn 19, 26-27)

Toda la vida de Jesús fue una preocupación por los necesitados. El, que estaba muriendo, fue capaz de preocuparse por los demás…Y la palabra de Jesús unió dos corazones traspasados por el sufrimiento y les dio fuerzas para vivir unidos, ayudándose el uno al otro.

Cristo amó hasta el final, ayudó al buen ladrón a enfrentar la muerte y sigue presente en los momentos turbulentos y amargos de cualquier persona.

domingo, 1 de enero de 2017

Señor, usa mis manos



Yo tuve una conversación muy fuerte en los cursillos de Cristiandad, pero por motivos de una seria operación, no pude volver más por allá por unas cuantas semanas.

Una mañana, apenas recuperada, fui temprano a ayudar a pintar los murales para el Vía-crucis de Semana Santa. No fui directamente al cuarto del fondo donde todos estaban pintando, sino que entré en la capilla y estaba orando frente al sagrario. Dándole gracias por mi salud restaurada, cuando me fijé atentamente en el Cristo Roto de Emaús que le faltan las dos piernas y una brazo. Le traté de convencer para que usara mis piernas y mis brazos que, aunque también estaban enfermos y deshechos, estaban mucho mejor que los de Él, que no tenía ninguno.

Él me tomó la palabra en ese instante y durante todo este año he trabajado muy intensamente en los Cursillos de Cristiandad.

Lily Naranjo


Le traté de convencer para que usara mis piernas y mis brazos, que aunque también estaban enfermos y deshechos, estaban mucho mejor que los de Él, que no tenía ninguno”.

Estas palabras las dijo Lily como ofrecimiento de su vida al Señor que acababa de encontrarse profundamente con Él. Lily sufre de poliomielitis progresiva. Fue una de las últimas niñas afectadas por esta enfermedad cuya tarjeta de presentación era una condena a la invalidez. Mas Lily no está inválida, tiene dificultades para caminar, para trabajar, pero se ha comprometido a anunciar el Evangelio con todo su cuerpo y su alma, con sus alegrías y sus tristezas, Ella es consciente de que puede aliviar el dolor y el sufrimiento de muchos Cristos rotos.

Cristo sigue sufriendo, está siendo crucificado todos los días en todos los seres humanos que sufren y mueren. El corazón de Cristo es como un océano donde confluyen todos los ríos de dolor del mundo. Cristo está en continua agonía y muerte hasta el fin del mundo.

Para consolar a tantos Cristos deshechos, Lily se ha crucificado con Cristo. Con Él vive y de Él vive desde que le conoció (Gal 2. 19-20).Ella es consciente de que pertenece a la heredad de Cristo, que es padecimiento y gloria al mismo tiempo (Rm 8,17). Quisiera alegrarse siempre de ser participante de la pasión de Cristo, para gozar con El, cuando se descubra su gloria (1P 4,13). Quisiera sonreír en el dolor y a pesar del dolor, pero a veces se siente débil como Santa Teresita. “Jesús sufrió con tristeza”, afirma la santa. Sin tristeza, ¿se puede sufrir? Si una cruz, un dolor nos causa siempre alegría, ¿sería verdadera cruz?

Lily tiene un hermoso apostolado: “prestar sus pies y sus brazos rotos” a Jesús para abrir horizontes a los agobiados, esperanza a los descorazonados y presentar a todos un Cristo amigo, consuelo, fuerza y salvación para los que creen en Él.

sábado, 24 de diciembre de 2016

El precio de una sonrisa


“Mamá, ¿por qué pones una cara tan bonita en la tele y tan mala en casa?”, preguntó la niña pequeña a su madre, conocida presentadora de programas de televisión.

“Porque en la tele me pagan para sonreír”, contestó con sinceridad espontánea la estrella, cuyo rostro todos conocían.

“¿Y cuánto habría que pagarte para que sonrieras en casa?”, preguntó la niña inocente. Y a la popular estrella se le saltaron las lágrimas.

Carlos G. Vallés

“Quítame el pan, si quieres, quítame el aire, pero no me quites la risa” (Pablo Neruda).

La vida es triste en cualquier parte si la sonrisa no anda de por medio. Es fácil sonreír fuera, en la calle, en la tele. Ya es más difícil sonreír en el trabajo y en casa, porque la alegría brota de dentro. “¿Buscas la alegría en torno a ti mismo y no sabes que ella nace solamente en tu corazón?” (Tagore).

Para que en la familia reine la alegría, tiene que haber amor, entrega y comprensión por parte de todos. Todas las virtudes humanas ayudan, sin duda, a crear un clima de paz y alegría en casa; pero mucho más ayuda la gracia de Dios y el contar con Él en la vida.

La Biblia invita a vivir en la alegría, a alabar al Señor, a gozarse con la Buena Nueva. Quienes ponen su corazón en el Señor, en Él se regocijan. El Espíritu cambia las tristezas en alegrías; ésta es un fruto del Espíritu. A Todos los que se encontraron con Jesús, Juan bautista, Zaqueo…se les llenó el corazón de alegría. Por eso Pablo invita a los primeros cristianos a alegrarse siempre en el Señor, a estar siempre alegres. “La alegría de corazón es un componente necesario y permanente de la vocación y de la elección cristiana” (Pablo VI).

A los primeros cristianos se les inculcaba el ser “hijos de la alegría”. En momento de dificultad, Hermas invita a los fieles a la confianza y a la alegría:

“La persona tranquila hace el bien y lo ama, y evita, en lo posible la melancolía. La persona triste obra siempre el mal…al dejar de orar y alabar al Señor por motivo de melancolía que se aloja en su corazón, esa persona no puede elevarse hacia el trono del Altísimo”.

La alegría puede coexistir con los problemas y el sufrimiento. “He perdido el uso de las piernas, de los brazos, de las manos, he llegado a estar casi ciego y casi mudo: Pero no hay que tener en menos estima lo que aún me queda, que es mucho mejor: siempre tengo todavía la alegría de los otros dones que Dios me ha dado. Tengo, sobre todo la fe” (Giovanni Papini).

“Una sonrisa cuesta poco y produce mucho.
No empobrece a quien la da y enriquece a quien la recibe.
Dura sólo un instante y perdura en el recuerdo eternamente…
Una sonrisa alivia el cansancio, renueva las fuerzas y es consuelo en la tristeza.
Una sonrisa tiene valor desde el comienzo en que se da”
(E. Sáleman)

sábado, 17 de diciembre de 2016

Gracias a la vida.


Un viejo perro cazador famoso y espanto de liebres, se encontró cierto día con una presa tan grande y gorda que, por más esfuerzos que hizo por llevarla a los pies del amo, tuvo que abandonarla en un sendero. Cuando el cazador se enteró de lo ocurrido, maltrató al animal y hasta quiso quitarle la vida. Este exclamó dolorido y con el acento de la más triste amargura:

¿Qué castigas en mí, amo mío? Bien sabes que ni valor ni voluntad me faltan: me faltan fuerzas y dientes, que he perdido en tu servicio como buen perro.

Esopo



“Me faltan fuerzas y dientes, que he perdido en tu servicio como buen perro”. ¡Qué pena! El can era valorado y querido mientras era útil.

Podríamos decir que muchos seres humanos son tratados como animales. Mientras son jóvenes y útiles, todo son halagos y atenciones. Cuando ya no producen, ya son una carga entonces se les abandona.

Las estadísticas nos señalan el aumento de personas mayores en nuestra sociedad. Y lo cierto es que hay como un rechazo social para el anciano, pues nuestra cultura no valora la vida que no produce. Es normal, pues, que muchas personas mayores se sientas solas, postradas y llenas de miedos.

El anciano vive en la inseguridad de no saber que va a ser de él en el futuro. Se mueve entre la angustia y el miedo, sin fuerzas para valerse por sí mismo, al no ser reconocido como útil, se siente inseguro, molesto y quisiera volver al seno materno.

Se dice que Dios se hace niño, joven y anciano. Se acomoda a cada edad. Y es el anciano el que tiene una capacidad especial, desde su soledad, para relativizar todo y quedarse con Dios como el único absoluto, en momentos en que la morada terrena se desmorona y las esperanzas humanas flaquean. Es en esta época cuando muchos se acercan a la salvación de Dios y ofrendan la vida como un continuo agradecimiento al Creador.

Desde esta ofrenda debe vivir el anciano el momento presente, sin tratar de refugiarse en el pasado ni mirar con temor el futuro.” No se angustien por el futuro, cada día tiene su afán” (Mt 6,34). Con esta actitud vivirá el anciano la vida como don de Dios, saboreándola y disfrutándola con tranquilidad y serenidad.

Una vejez que se improvisa, no sirve. La vejez resulta como se prepare y el resultado de lo que hay en el corazón. Por eso conviene llegar con las manos llenas de madurez y buenos frutos, para que no se queden vacías. Hay que fortalecerse cada día, llenarse de equilibrio, progresar en madurez, generosidad y alegría para poder vivir y disfrutar los últimos días en la amistad del Señor y de los demás.

Al atardecer de cada día, de la vida, seremos juzgados en el amor, decía San Juan de la Cruz. Quien ama a un anciano y lo ayuda al flaquear la cabeza, no envejecerá, sino que recogerá los frutos que ha sembrado: disfrutará de la vida en su vejez.

sábado, 3 de diciembre de 2016

¡Amate a ti mismo!




   

Preguntaba un discípulo a su Maestro: “¿Qué he de hacer para amar a mi prójimo?”

“Deja de odiarte a ti mismo”.

El discípulo meditó larga y seriamente estas palabras y regresó a decirle al Maestro: “Pero si yo me amo demasiado a mí mismo…Si soy un egoísta y un egocéntrico… ¿Cómo puedo liberarme de ello?”.

“Se cordial contigo mismo y tu ego quedará satisfecho y te dejará en libertad para amar a tu prójimo”

Anthony de Mello

“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lv 19.18). Dios quiere que nos amemos, que nos aceptemos, que nos cuidemos, que tengamos confianza en nosotros mismos. Sólo cuando hay autoestima y amor verdadero a sí mismo, es posible amar al prójimo.

Los padres pueden ayudar mucho a sus hijos potenciando todo lo positivo que hay en ellos, para que así puedan crecer en esa autoestima. Al hablar se ha de cuidar el lenguaje, pues tenemos de nosotros mismos la imagen que los demás nos ofrecen. Si un padre la dice a su hijo: patoso, no sirves para nada, no vales, todo lo haces mal, el niño crecerá con una pobre imagen de sí mismo. Por eso Pablo aconsejará a los Efesios. “ Padres no exasperen a sus hijos, sino fórmenlos más bien mediante la instrucción y la corrección según el Señor” (Ef,6.4). El rechazo, la culpabilidad y el perfeccionismo, no dejan crecer la buena imagen de uno mismo.

Dios nunca ha rechazado al ser humano, ni lo culpa; al contrario lo perdona siempre: “De tus pecados e iniquidades no me acordaré ya” (Hb 10.17) y lo ama “con amor eterno” (Jr ,31.3). Tanto ha sido el amor de Dios para con los seres humanos que “no envió Dios a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para que el mundo fuese salvo por Él” (Jn 3.17), Por consiguiente, ninguna condenación pesa ya sobre los que están en Cristo Jesús “ (Rm 8,1).

La Palabra de Dios puede ayudarnos a desarrollar una buena imagen y a sanar una pobre imagen de nosotros mismos.

“Eres precioso a mis ojos, eres estimado, y Yo te amo” (Is 43.3) “Con amor eterno te he amado” (Jr 31.3).

“Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues lo somos” (1 Jn 3,1.2).

“En todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman” (Rm 8, 28.39),

“Todo lo puedo en Aquel que me conforta” (Flp 4.13).

“El amor todo lo puede. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta” (1 Cor 13.7). Dios con su amor puede sanar y cambiar. Uno mismo todo lo puede en Aquel que lo conforta:

“Hay diez cosas fuertes en el mundo:

El hierro es fuerte, pero el fuego lo funde.

El fuego es fuerte, pero el agua lo apaga.

El agua es fuerte, pero las nubes lo evaporan.

Las nubes son fuertes, pero el viento las empuja lejos.

El viento es fuerte, pero las montañas lo frenan.

Las montañas son fuertes, pero el hombre las domina.

El hombre es fuerte, pero el sueño lo vence.

El sueño es fuerte, pero la muerte es más fuerte que el sueño.

El amor es el más fuerte, puesto que dura por siempre” (V.del Mazza).